El fracaso es el combustible que conduce al éxito

El fracaso es el combustible que conduce al éxito

El fracaso es el combustible que conduce al éxito, lo aprendí viviéndolo en carne propia. Soy un empresario, me desarrollo en el campo de la ingeniería informática y esta es mi historia:

Durante años, quise tener mi propio negocio que se desarrollaba en lo que había estudiado: soy ingeniero en sistemas. Cuando uno es joven piensa que emprender es solamente pensarlo, contar con un poco de dinero y ya, a las semanas se es millonario. Pero no es así.

Fracasé en mi primer intento, en el segundo, en el tercero. Hasta que aprendí. Pero cuando practiqué, contaba con los conocimientos necesarios para abrir mi negocio, pero una cosa es lo que uno piensa y otra muy distinta la que el universo nos prepara.

Todo sucedió para poder aprender ciertas lecciones de vida necesarias para llegar a donde tenemos que llegar.

Pero  vamos por el principio. Quiero que conozcas toda mi historia.

Mis primeros años

Pensarás, ahora que me ves en este lugar que mis inicios fueron fáciles o la vida me lo puso todo en el camino, pero no.

Cursé mi carrera universitaria y me sentía como un caballo pura sangre que tenía el terreno despejado para salir al galope, contaba con el triunfo en la meta, nada podía salir mal. Paso a paso cumplí con lo que sabía que tenía que hacer. Fui destacado en la carrera y me gradué, conseguí un buen empleo y solo veía porvenir mi camino.

A fin de mes, luego de trabajar cargado de ilusiones vino el primer bache: no me pagaron, ni hubo ni un solo centavo para mí ni para nadie. Las razones por las que no pagaron no vale la pena contarlas, fue dinero perdido y este potro salvaje se desinfló.

Supe qué era el fracaso. La vida nos pone en el camino estas lecciones para tomar madurez, eso lo sé ahora, luego de ese fracaso y otros que vinieron después, comencé a aprender que la vida es una  escuela que dura lo que permanezcas en ella.

En los momentos en el que emprendemos un nuevo capítulo en la vida, sea laboral o personal, comenzamos jugando con plastilina en el nivel básico de la escuela y a medida que aprendemos de los errores y los pequeños triunfos, vamos avanzando dentro de la escuela hasta llegar a la universidad.

Claro, eso siempre va a depender de nuestra actitud. La mía fue no rendirme y seguir esforzándome a pesar de que las cosas no salían como las trazaba.

Mi primer negocio propio

Un amigo que tenía desde la universidad, me propuso una sociedad en un negocio de computadoras, compraríamos equipos al mayor y los venderíamos. Todo figuraba muy bien.

Amigos por más de 5 años, nos entendíamos a la perfección y además haríamos lo que nos apasiona, el mundo informático.

Nuestro plan fue vender las computadoras al triple del precio que las adquiríamos cobrándolas a crédito, con ello podríamos semana a semana con la cuota que nos pagaban los clientes, dejar nuestra utilidad y reponer mercancía.

Entonces lo veíamos como el negocio del año. Hoy le veo las lagunas. Por supuesto nos quedaron mal con los pagos, mucha gente ni siquiera volvió a contestarnos el teléfono y la pérdida fue tal que ni siquiera recuperamos la inversión.

Otro capítulo de fracaso.

Hoy he aprendido que el fracaso es el día que en la vida no he sido feliz haciendo lo que hago, porque el fracaso no existe, solo existe si le doy fuerza, cuando estamos pasando un mal momento donde no salen las cosas como queremos aseguramos ser fracasados.

Pero no es fracaso, es no comprender que eso que nos sucede forma parte de lo que el universo nos tiene preparado, todos tenemos escrito nuestro camino. Cada vez que las cosas se tuercen de nuestro propósito debemos preguntarnos ¿Por qué pasó esto? Y empezar a indagar las variables de la respuesta.

Hoy vivo con alegría, a pesar de tener días malos como todos. Cuando algo sucede resuelvo, acepto y sigo. No pierdo mi tiempo en cosas inútiles, disfruto unas páginas de algún libro, comparto con quienes amo, así sea un poco, desecho lo que no aporta nada y a mi alrededor cada paso esta signado por la pasión.

Comienzo a tomar conciencia

Algo hacía mal, de eso no había duda, apenas cuento dos fracasos, pero fueron muchos. La pareja que tenía en la universidad, que convencí para entrar a la empresa donde nunca nos pagaron.

Luego fue socia indirecta de nuestro emprendimiento de venta de computadoras a crédito, junto a pequeños fracasos como andar siempre sin dinero, tener deudas, emprender cualquier proyecto trastabillando y al final dejarlo a medias.

Todo ello fue minando la relación y al final me dejó. Otro gran fracaso en mi vida personal.

Tenía un problema, algo hacía mal y tenía que buscar las respuestas, pero más que hacerlo afuera era por dentro donde tocaba explorar y corregir.

Un día hice clic, no era dinero lo que tenía que buscar. Todos mis negocios siempre fueron pensando en buscar el dinero, llenarme los bolsillos y ya. Pensar siempre en que haré esto por ganar dinero es cargar con una mochila muy pesada.

Cuando me liberé empecé a ver que cada cosa que emprendemos es como construir una casa teniendo todos los materiales en el suelo y que podía ponerme manos a la obra a hacerlo. Podía hacer mi casa como quisiera. Ponerla alta, de varios pisos o de solo uno, con un solo cuarto minimalista o con divisiones.

Hablándolo en mi mundo, podía armar una computadora tal como yo quisiera, elegir la tarjeta madre con la potencia que deseaba, la marca del disco duro a mi gusto, la memoria de las gigas que quería, el sistema operativo que quisiera o los que quisiera. Era libre de elegir.

Era actuar sin pensar en cosas negativas, simplemente haciéndolo con pasión. Porque el éxito no solo tenía que figurar en obtener dinero, por muchos años pensaba que ser feliz era estar con el bolsillo lleno de billetes, eso es estar cómodo. Me inculcaron en todos los espectros de mi vida que eso era la felicidad.

Estudiar, trabajar duro, hacer dinero, ya soy feliz. Pero el verdadero camino a la felicidad es hacer lo que se ama, lo demás llega solo, incluso el dinero.

Estando entonces en esa etapa de mi vida, donde comprendía que podía ser mejor si enfocaba mis emprendimientos desde mi interior planificando los pro y contra de cada paso, haciéndolo con pasión pero con un pie en la tierra, considerando que si no salía bien pues el premio era una enseñanza, le iba dando paso a una mejora en mi vida.

El equilibrio de la vida

Perdí esa pareja, ahora tengo otra y soy feliz. Pero para entonces me sentí frustrado y lleno de rencor. Mi monotema era acumular dinero. Pero cuando se invierte la vida entera en acumular dinero se debilitan las relaciones personales y la salud.

Se pierden momentos valiosos con los hijos, con los padres, la pareja, la gente que amamos.

Cada vez que empiezo a emprender un proyecto lo que pasa por mi mente y las acciones consecuentes y la verdadera felicidad, que siempre se alberga en transitar a esa meta, esperando el resultado que hayamos definido o aceptando el que nos toca.

Fui aprendiendo de los errores, descuidé a mi pareja cuando me puse a trabajar desbocado en vender muchas computadoras, entregándoles sin un aval de pago por parte de esos clientes, a los cuales ni conocía. Solo pensaba en dinero y hacía cuentas en mi mente de lo mucho que ganaba con cada computadora que se iba.

No me detuve a ver los antecedentes de esa empresa a la que le regalé un mes de vida y trabajo donde cargado de ilusiones trabajé como ingeniero de sistemas compartiendo con ellos el conocimiento que cultivé por años.

Daba un paso adelante pero lanzaba minas para que en un descuido las pisara, porque no actuaba desde la emoción lo hacia desde la ansiedad.

Comprendí que ser apasionado no era irme lleno de adrenalina a invertir mi tiempo y dinero sin evaluar las debilidades. Era hacerlo con la mente en frío pero poniéndole el amor a ello.

Que un negocio se basa en una infraestructura, se basa en el capital humano, de liquidez y de establecimiento.

Que hay un A y un B, A soy yo y B el cliente que le tengo que ofrecer algo que él no tenga y que ahí viene la remuneración.

Que el dinero que entre debe ir dividido a promoción, materia prima, sueldos y utilidades.

Pero todo eso lo tengo que mezclar con pasión, amor a lo que hago y previendo siempre el futuro, no actuando desbocado en conseguir dinero.

El éxito

Hoy cuento con una empresa de venta de computadoras propia, la inicié a mis 27 años. Es lo que amo, tengo fe en mí y en ella.

Observar es un acto de creación, no debo pensar solo en dinero, porque siempre me va a faltar, en vez de pensar en los billetes de la venta de un monitor, pienso en la cuenta bancaria llena de números o en crecer mi negocio que me enorgullezca.

Es decir, hago las cosas para lograr un resultado, no las hago para evitarlo.

En un momento de mi vida me deprimí, era una nube gris donde nada salía bien, pero hoy, aprendí que el trabajo duro se mezcla con tener entrega en lo que se hace. Con dar pasos arriesgados pero teniendo un pied a terre que me sostenga.

Aprendí a no poner todos los huevos en una misma canasta.

Finalmente comprendí que los desaciertos son parte del camino. Me negaron muchos empleos  soñados, esos en los que podría dedicarme para toda la vida y sería feliz o eso creía.

Mi empresa va a buen ritmo surcando las aguas, ¿Cometer errores? Sí, pero aprendo de ellos y cada vez son más pequeños y de solución rápida, pero lo mejor de todo es que: Veo esos tropiezos como enseñanzas y no como los fracasos.

 

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Vesco Consultores:  Firma de auditoría en Guatemala

By |2019-04-15T21:25:54+00:00abril 15th, 2019|0 Comments